Nunca me han salido bien los poemas de amor


En realidad todos los he utilizado oscuramente para ocultar

Que no amo mas que a mi propio trasero.


Llevo ya 10 años postulándome como poeta

En los hechos he publicado varios versos que me dan crédito

No sé si con estos al fin pueda demolerme de esa pléyade


Últimamente no he estado más que confesando

La grande miseria de ser una persona cualquiera

Que está enamorado de una perfecta hermosa luminosa ramera

Que vivo en mi interior el sufrimiento de estar dividido

Que vivo alejándome de mi felicidad más fácil

El más sencillo y práctico acto del mundo:

Amar hasta el desmayo el desamparo la cumbre más alta

Amar como bestia alada en las nubes

Besar los pechos tímidos de una constelada mujer

Que huele como han de oler las cavernas llenas de flores...


Puedo entonces exigir un poco de paciencia, de comprensión

Que yo escriba tantas barbaridades por todos conocidas

Por todos nosotros sabidas

Yo también he nacido del vino

Bautizado soy de la nobleza de las uvas
y más todavía de la vulva de la máxima ramera

Me he fugado de la alegría de dios
y he caído en una pista teibolera

Intuyo -y me desprecio por ello-
que he de arrepentirme ante el himen de una virgen

¿Qué he de hacer si mi nombre no me ayuda?

Cualquiera de mis hermanos
sentiría un arrebato al quemar mi corazón
puesto que me he fugado de la alegría de dios

pero estoy bendito de la vulva de la máxima ramera

Creo que eso es el resumen de mi vida

y que hijo soy también del vino


Que mi padre colme mi cuerpo ahora que estoy limpio

que las nubes lancen gotas ebrias

y un río alcohólico ahogue a la ciudad

El día sabe reír


Las canciones huelen bien
Dan golpes certeros
Y hay una mujer siempre
En el fondo de todos los pensamientos

Toda esta fina vocación
De enumerar la belleza
De hoy
De la ínfima fragancia de la luz

Todo este pequeño balbuceo de hormiga
Es sólo para decirla a ella

Para no tocarla torpemente con los dedos

Mística para días nublados

Pertenezco a la distancia

Por eso el polvo es mi semejante

Y no ocupa mi espacio

En otro tiempo

Fui un beduino

Y jamás quiso saber mí

El desierto

Yo sé que lo eviterno

Descansa en cada milímetro

de la certeza de su voz

Y no hay daño

Ni ganancia

Sólo la justicia

Babeando el tiempo

Por eso no me pregunten

Si me duele el beso

O si gozo el golpe

Ya todo lo he sentido

Y no estoy seguro

de reconocer

El aliento de Dios

En cada cigarro muerto.