Quotidianus love


IV
Ya sabes
el absurdo que veo en casi todos nuestros actos
nada tan sencillo
como andar diciendo
amor
me dueles tan rico
me da vueltas el estómago aproximarme a ti
cuando voy pensativo hacia tu casa
y hace calor y viento
y estàn cantando las frondas de los árboles
¿Qué cosa es esto de vivir?
te lo pregunto
pos si acaso tú lo sabes
más allá del silencio que hace tu cuerpo después


V

Era un conglomerado de imágenes de ella
y la ciudad de su alma
--veredas y murallas construidas por ácaros
la bestia señoreando nuestro cuerpo
un muñeco de plástico que la tierra funde

Y yo nos veía ahogados en los bytes
henchidos de internet
Como la obra al óleo de un artista rancio
de ojos entristecidos



VI
Largos son los días de estarse rascando los escrotos
Sancochados en el sudor de una semana llena de sexo y cerveza
De los inmensos pasadizos secretos que esconde el cuerpo de esa mujer que ahora duerme y ronca con los labios hinchados —como de brincolines llenos de niños felices

Mientras eso
Mientras la vida milimétrica crece en las paredes del patio
Y prosigue hasta el valle de huizaches y esparce sus esporas sobre el manto áspero de los cerros
Yo me tiendo de rodillas ante el refrigerador
Y lloro de éxtasis al hundir la mano en las entrañas muertísimas
De sus heladencias
Y hurto de su misma carne embutidos y aderezos
Cebollas y cerveza —la perenne, la eviterna

VII

En cualquier amanecer ella deposita el néctar de un espasmo diabético
inconmensurable
que ni los infinitos batallones de nuestros esquilines domésticos pueden transportar a su reino

Retorcidos iones enloquecidos
Decididos a dejar su cuerpo de miligramos de dios en los bolsillos

Por eso celebro con lento paladar de tortuga el vaivén de los océanos
¡El domesticado paraíso del voluminoso aire que deja ella
como estelas de avión en la angostura de la casa!
¡Puercazos los rendidos al placer de Circe! 


Ya metidos en el mar
Con el ojo en las sirenas
Idos
Bajo su canto ya templados
Ya bien acalambrados
Con las ganas que tienen los columpios de menearse
De arriba abajo sometidos
Como quienes sienten que son libres encadenados a la rutina de comer los frutos de las islas
Amantes mismos de los microbios de buena cepa que da la tierra para el solaz de nuestras lenguas
Amorosos, nosotros, viajando en la cima de una montaña sagrada
Alguna vez sentida por la raza que adoraba nuestro padre
Helios

Nosotros, de su costa cerebral
De un zopilote muy viajado somos
Muy voladores le salimos
Y chupados en caldo fuimos por la bruja
Diosísima nuestra
La bien trenzada de cabellos

Cuando en su regazo estábamos, de su fabuco bebíamos, de sus bellotas lamíamos, del fruto del cornejo alucinábamos
Cuando su canto era
O cuando su mínimo murmullo era
Llorábamos
Nos veníamos
Hastiados de orgasmos yacíamos
E imaginábamos
Luego que nuestra carne ella
En sus calderas cocinaba
En su mesa para comernos nos servía

Pero no ocurría

Y al día siguiente estábamos ahí, como si nada, pastando de un lado a otro por la isla, esperando ver su sombra iluminar el resplandor de todas las flores, el vuelo lento de las abejas
La tierra justa y buena que habitábamos un día tras otro un día tras otro y así

Y de pronto otra vez en su tierno labio rojo dormíamos
Ayuntábamos con ella el universo, las constelaciones tenían sentido
El nirvana era ella develada

Hasta que, estúpidamente, Odiseo
Arropado en su traje más absurdo, abominable, culo de mierda, malpasado, genocida
Vino, maldita sea su laya, a rescatarnos