Poema para leer en restaurantes

He bebido el miasma y comido el estiércol de las vírgenes

Es necesario hundir la carne que somos en compostas y basureros por igual

Es un sordo sonido lo que podemos digerir por los oídos

Hemos amado hasta las lágrimas el jugo amoroso de nuestros sexos

Los días de abril son anunciaciones de tormentas refrescantes

Y sofocantes días de sed 

Y odio hacia el asfalto 

Y al ardiente indomesticado sol

Hoy debemos comer manchándonos los dedos 

Los labios empaparnos

Hacer una bolsa llena de cerveza y menjurjes de Baco crucificado por la salvación de las uvas

Desde el comienzo de este pequeño infinito asiento de majestades

Desde el rincón más encuclillado de lo que es la nada

En el cuarto de hora que sucede a la preconización del comienzo de la mañana

Cuando todo se va evaporando en las situaciones que han de culminar

En un aluvión de estar con la pesadilla del horizonte y la verticalidad de esta imagen que somos a semejanza de Dios

Y a cuya lógica

Obedece que nuestro padre multiplicado en nosotros es incomprensiblemente inentendible

Porque no nos conocemos a nosotros mismos al mismo tiempo

Ni estamos viendo las mismas cosas

Y entonces

Somos un monstruo que multiplica sus cabezas cada vez más

Nos cocinamos a nosotros mismos

Y muchas veces hemos intentado acabar con este planeta

Aunque sólo hubiera sido un segundo

Por cualquier insignificante objeto

Porque no sabemos o no hay de otra

Porque Dios somos nosotros

Todos los demonios y arcángeles

Los gnomos y las nereidas

La palabra y el concepto

La mujer y el hombre

El aire y el fuego del fuego

del fuego